yo-le-gané-mandinga-tatoo

“La vida es un regalo, no importa cómo la vivas”

Diego “Mandinga”, como todos lo conocen por su local Mandinga Tattoo, es padrino de siete escuelas rurales y un hospital, cuenta con dos libros publicados, Cazador de Sueños (2013) y Cosa e´ Mandinga (2018), en los que celebra sus 20 y 25 años de trayectoria. Su local de tatuajes es el protagonista del programa “Mandinga Tattoo” en el Canal de la Ciudad y este año fue ganador de un Martín Fierro de Cable en la categoría “Arte y Tendencia”. Además fue reconocido en el Congreso Nacional y la Legislatura porteña por su labor como tatuador de areolas mamarias en mujeres que han padecido cáncer. En esta entrevista recuerda sus comienzos como tatuador y el inicio del “club de las tetas felices”, conformado por las más de 600 mujeres ya tatuadas de manera gratuita. También habla de su visión de la vida, su relación personal con el cáncer y con los médicos, e insiste en la importancia de la detección temprana de este tipo de cáncer, tanto en mujeres como en hombres. 

-¿Cómo empezó tu carrera como tatuador?

-Empecé tatuando en el año ‘90. Tenía 18 años, estaba sentado en el barrio y apareció un pibe que paraba con nosotros con un tatuaje de colores. Se lo había hecho en el Mercado Central. En esa época casi no existía el tatuaje  y menos de colores. El único tatuaje que se veía era el de los presos. Así que cuando le vi el tatuaje me volví loco. Fuimos con los demás a buscar al tipo que tatuaba y lo encontramos dentro de un baño. Y ahí me tatué. Y cuando me tatué me volví loco. A partir de ese momento quise ser tatuador. Dos o tres años después empecé a tatuar. En el año ‘93 abrí Mandinga. El primer local era muy chiquito, en una galería y no se tatuaba nadie. No sabían lo que era un tatuaje. Y como el que tatuaba en el Mercado Central se había ido, aproveché y me fui a trabajar como tatuador ahí. Por lo menos en ese baño se tenía el antecedente de que se hacían tatuajes. Habré estado tres años en el Mercado Central.

-¿Qué otras cosas te trajo la profesión de tatuador?

-Durante muchos años fui el presidente de la Asociación de Tatuadores y Afines (ATARA). En el año 2004 redacté el proyecto de ley con el que se regularizó la actividad. Hoy se puede habilitar un local de tatuaje como tal; antes lo habilitaban como peluquería, es decir, no había habilitación específica. Ser mayor o menor de 18 años era lo mismo. Toda esa ley la escribí yo. Por lo tanto siempre estuve relacionado con este palo. Organizamos la exposición de tatuaje y tenemos un programa de televisión.

-¿Cómo empezaste a tatuar areolas mamarias?

-Había un tatuador puertorriqueño, creo, que lo hacía por la semana del cáncer de mamas. Él tatuaba a un par de mujeres gratis. Era básicamente una campaña de marketing. Nosotros para esa época ya apadrinábamos escuelas rurales. Una persona por Facebook me mandó la nota del tatuador puertorriqueño y nos planteaba que, ya que apadrinábamos escuelas, estaría bien que hiciéramos lo de las areolas. Así que armé una publicación en Facebook con dos tetas con areolas tatuadas que busqué en Internet porque todavía yo no había hecho ninguna. La publique y explotó. Fue como una bomba. Esa publicación la vio un montón de gente y a las dos horas ya estaban pidiendo turno. En tres años, ya llegué a tatuar a 651 mujeres. Y cada vez se hacen más. Si antes hacía diez por mes, ahora hago diez por semana.

-¿Qué fue lo que te motivó?

-Mi vieja y mi abuela tuvieron cáncer de mama, mi viejo falleció de cáncer, tenemos una historia terrorífica en la familia con el tema del cáncer. Le pregunté a mi vieja si estaba al tanto de la existencia del tatuaje de las areolas y me dijo que no sabía nada. Ella sabía que cuando te sacan la teta te sacan la teta y punto. A mi abuela le sacaron las dos tetas y no se hizo nada. Tenía un corpiño relleno con alpiste y eso era todo. Muchos se aprovechan de la situación. No es algo estético, es una mujer que ha pasado por cáncer. Yo no juzgo, todos tiene su laburo. Los cirujanos también lucran con esto, todo el mundo lucra, y labura. Y esto lo puede hacer cualquier tatuador, no es algo mágico. No es que hago algo que no hace nadie, hago algo que no hace nadie gratis. No le doy textura al pezón, pero lo que se ve estéticamente es un pezón.

-¿Cómo fue el primer trabajo de areola que hiciste?

-Fue hace tres años. Fue fuerte. La primera mujer que vino se llama Lidia y seguimos teniendo contacto. Su caso fue medio complejo, porque en ese momento yo no sabía hacerlo. A ella le faltaba una, así que tenía que replicar esa areola. Y salió bien, por supuesto que no de la misma forma que me salen hoy. Pero ella nunca supo hasta después de tatuarla que fue la primera. Estaba nervioso, a mí me preocupaba que le quedara bien y se sintiera feliz. Cuando terminé y se miró en el espejo, se emocionó, se puso a llorar, quedó contenta y ahí empezó todo.

-Además de la página de Facebook, ¿de qué otra forma llegan esas mujeres a vos?

-En general llegan por los cirujanos. Eso es lo más loco. Los médicos durante muchos años nos combatieron, ellos nos hacían responsables de todas las enfermedades, cuando en realidad el tatuador es más responsable que un dentista. Hoy todo lo que usamos es totalmente descartable, en cambio cualquier dentista sigue reutilizando las herramientas. No se conocen casos de personas que hayan contraído HIV con un tatuaje o hepatitis con un tatuaje, salvo en la cárcel.

-¿Cambió la visión de los médicos respecto del tatuaje?

-Antes uno iba a donar sangre y no lo dejaban donar: una estupidez de ignorantes. O si alguien iba a un hospital porque se le hinchaba la lengua por un aro muy corto que le había puesto uno que no sabía nada, le hacían una cirugía. Cortaban el aro con una pinza y le anestesiaban la lengua, cuando lo único que tenían que hacer era agarrar las dos bolitas y desenroscar el aro. Los médicos estaban completamente ajenos. Hoy todo va cambiando, los médicos se tatúan y se ponen aros.

Mandinga Tatoo - Yo le gané

Mandinga Tatoo - Yo le gané. Fuente: https://mandingatattoo.com/

-¿Cómo te afecta, teniendo en cuenta la historia de tu familia, trabajar día a día con mujeres que sobrevivieron al cáncer de mama?

-Conviví toda la vida con el cáncer. Y según el estado de ánimo de la mujer, uno se transporta a ese momento y no tenés ganas de revivirlo. Al principio me costaba mucho por las experiencias que me contaban. Hay mujeres que no solo han pasado por el cáncer de mama, sino por montones de cosas más. Historias de vida fuertes. Ya pasaron 651 mujeres es decir que han pasado 651 testimonios. Algunas casi no hablan, están curtidas, tan frías que parecen idas. Y otras son una bomba que no paran de llorar, y al principio terminaba llorando con ellas. Hoy todavía me pasa, no es que uno se queda en la estratósfera y le importa un carajo. Si me pasara eso no tendría que hacerlo más.

-¿Cuál es el resultado de todo ese trabajo?

-El resultado es muy emocionante. Terminé viviendo cosas con esto que no esperaba. Tuve reconocimientos como el de este año pasado en el Congreso y otro de parte de la Cámara de Mujeres Empresarias, y hace dos años en la Legislatura. Después he dado charlas en muchos lugares, que doy no porque me encanten, sino por una cuestión de respeto. No soy un tipo al que le guste mucho farandulear. Es que es muy delgada la línea que separa hasta dónde uno se marketinea o lo hace de verdad. Si hay un mentiroso que lo hace para figurar, el tiempo lo va a decir. Más de un boludo habrá dicho “esto lo hace por una cuestión de publicidad”, sí, pero ya pasaron 651 mujeres y 651 insumos que he usado para tatuarlas.

-Después de tatuar a tantas mujeres ¿cuál pensás que es el motivo por el que deciden realizarse el tatuaje?

-Cuando se enteran de que tienen cáncer lo primero que dicen las mujeres es “sacame todo, las tetas, los ovarios, el útero, todo”. Es la primera reacción. Y pasa eso, les sacan las tetas enteras y a veces las dos. Cuando vienen con una teta sola me pregunto por qué no le habrán sacado las dos. Hay mucha gente que perdió una sola y no le pasó nada. Pero hay muchos casos que con los años vuelve a aparecer. Es así esa enfermedad. Es muy probable que haga metástasis en la otra teta, por eso siempre pienso que tendrían que sacarle las dos. Además emparejarlas con la prótesis es muy difícil.  Después cuando empiezan a ganarle a la enfermedad, que si se la agarra a tiempo es curable, quieren verse con dos tetas, sentirse completas, no verse una tabla. Entonces buscan las prótesis de silicona, pero cuando terminan con la silicona, en la intimidad se siguen viendo como un marciano, con el pecho blanco sin nada. Eso es shockeante, es shockeante con su pareja y con un espejo. A la hora de desnudarse es como que el fantasma del cáncer lo tienen ahí, en frente de sí mismas y les recuerda que lo tuvieron. En ese momento la areola pasa de ser algo secundario a ser sumamente importante.

-¿Cómo se armó el club de las tetas felices?

-Yo había hecho un Facebook más formal, que se llamaba “Reconstrucción de areolas mamarias” y cuando iba 50 mujeres tatuadas viene un día una mujer y me dijo: “Vengo al club de las tetas felices, porque acá venís triste y te vas contenta”. Eso me quedó y le puse “El club de las tetas felices”. Entonces armé ese Facebook y la mayoría de las mujeres tienen un número. Como número de socio, cuando vienen las que están más al tanto te preguntan su número. Ayer terminé con la 651. Las más orgullosas son las primeras 50 y de esas hay varias con las que tengo una relación más cercana, que me escriben y pasan o vienen cuando hay un evento.

-¿Tatuaste areolas a algún hombre?

-A tres o cuatro. Afecta en un porcentaje mucho menor que a las mujeres, pero es más mortal, por el abandono, no porque sea más peligroso. Porque por ejemplo yo tatúo mujeres toda la semana  y nunca me pongo a tocarme a ver si tengo algo. Un hombre por vergüenza de ir a un mastólogo, quizás se caga la vida. Aparte no hay campañas. Cuando publiqué una de las primeras veces que lo hice, mucha gente no sabía que el hombre puede tener cáncer de mamas. Cuando se detecta una enfermedad como esta no se la puede ignorar. Mi hermano terminó de hacerse rayos hace poco. Tuvo un linfoma de Hodgkin, es más joven que yo. Estuvo un año que se acostaba y transpiraba como un loco, fiebre, un bulto en el cuello otro abajo del brazo. Un loco de mierda y no iba al hospital. Ahora está bien, le hicieron quimioterapia y rayos. Hay que cuidarse, hay que ganarle al miedo.

-¿Cómo te cambió en lo personal realizar los tatuajes de areolas?

Hoy lo necesito para vivir. No hago terapia y esta historia me genera bajar a tierra todo el tiempo. Me hace entender que hoy tengo este negocio y mañana me fui a la B y tengo que salir a manejar un Uber y lo voy a hacer. Es parte de la vida. Si yo me enfermo, ya está. Viví lo que tenía que vivir, y disfruté lo que tenía que disfrutar. Si se enferma uno de mis hijos no me importa nada, vendo hasta los riñones. Estar en contacto con mujeres que estuvieron tan cerca de la muerte, a mí me genera esa lógica de entender que la vida es un regalo, no importa cómo la vivas. Vivila de la mejor manera. Es entender que hay que ser agradecido, lo más importante en la vida es tener salud. Hay dos cosas que no se pueden comprar, la salud y el tiempo. Si se pierde el tiempo con pelotudos, lo único que se hace es ser un pelotudo más. Y si se tiene salud, toda la plata que se tenga solo sirve para estar en un hospital que parece un hotel y, así, en vez de estar metido con diez tipos que agonizan y vomitan sangre, uno está en una habitación con aire acondicionado y televisión, pero se va a morir igual que ellos.

-¿Cómo pensás que va a continuar esta historia?

-De los trece que trabajamos acá, sólo yo hago los tatuajes de areolas, pero por una cuestión de tiempo y guita, no porque no tengan la capacidad. En un día vienen alrededor de seis mujeres, tardo unas seis horas y en ese tiempo los chicos no cobrarían un mango y además se gastan materiales por lo que perderían plata. Así que no tengo ni idea de en qué va a terminar, solo sé que esta locura va a durar muchos años. También tengo la propuesta del director del Hospital Finochietto de hacer una serie de congresos sobre cáncer de mamas en varios países. Daría charlas a tatuadores y médicos locales para dar mi punto de vista acerca de las cagadas que veo que hacen los cirujanos. Así que es muy probable que viaje a EEUU, a Colombia, México y a Puerto Rico.

Nota: La entrevista fue realizada en noviembre de 2018.


Autores

avatar

avatar